“Ya tengo mi Excel armado, me costó años.”
Perfecto: lo subís tal cual está. COTA lee tu planilla —con sus hojas, sus nombres y tus garabatos— y te muestra lo que entendió: el contrato, lo cobrado, los rubros y a quién le debés. Lo que no le cierra, te lo pregunta, y cada número te dice de qué celda salió. Tu Excel no muere — se jubila con honores.
“¿Le tengo que dar mi Excel a una inteligencia artificial?”
Sí, y conviene saber exactamente qué hace. La IA lee tu planilla para entenderla: identifica qué hoja vale, qué es el contrato, qué son gastos y en qué moneda está cada número. Los importes los saca de tus celdas, no se los inventa, y cada uno te dice de dónde salió. Lo que no le cierra te lo pregunta en vez de asumirlo, y nada queda cargado sin tu visto bueno. Tu planilla no entrena nada ni se comparte con nadie.
“¿Esto queda registrado en algún lado? ¿Le llega a ARCA?”
No. COTA es una herramienta de gestión, no de impuestos: no está conectada a ARCA ni a ningún organismo, no emite comprobantes y no presenta nada a nadie. Lo que cargás es para que vos sepas cómo viene tu obra, igual que la libreta que ya llevás.
Y los datos son tuyos: los ve quien vos digas. Cada persona que sumás entra solamente a las obras que le marcaste, el link del cliente muestra únicamente los rubros que elegiste, y tu caja, tu deuda y tu margen no se comparten nunca.
Ojo con una cosa, para ser claros: COTA no reemplaza a tu contador. Te dice si la obra gana o pierde y cuánta plata tenés; lo impositivo sigue siendo asunto suyo.
“Las apps las abandono a la semana.”
Por eso cargar en COTA cuesta menos que anotarlo en el cuaderno: un botón, una pregunta, 20 segundos. Arrancás con tus obras en marcha ya adentro, y no depende de tu memoria: el viernes te llega la semana para confirmar de un toque, y los avisos te encuentran aunque tengas la app cerrada.
“No sé nada de contabilidad, y tampoco quiero aprender.”
No hace falta. Vos contás qué pasó con tus palabras —cobré, gasté, pagué— y ahí terminó tu parte: es una libretita de gastos mejorada, que suma sola y no se pierde. El sistema contable trabaja abajo, donde no lo ves, y está para que los números cierren, no para que vos lo manejes. Si nunca entrás a los reportes, COTA igual te sirve.
“¿Y cuando el cliente me pide cuentas?”
Le mostrás un estado prolijo de su obra, y vos elegís qué ve: marcás qué rubros comparte el link y si le mostrás las erogaciones. La rendición al comitente deja de ser un finde entero de Excel.
“Yo hago remodelaciones e interiorismo, no obra nueva.”
Se administran igual. Al crear la obra elegís el tipo —construcción, remodelación, interiorismo, proyecto— y ponés los rubros que uses. Un baño reformado y un edificio entero tienen la misma pregunta atrás: ¿cuánto pactaste, cuánto llevás gastado y cuánto te queda?